Publicado en julio 2015

Como alguno ya habrá intuido, vamos a hablar de transgénicos… Oh no! Peligro! Huyamos! Muerte! Pues nada más lejos de la realidad. Vamos a intentar explicar de la forma más sencilla posible qué es un transgénico y qué peligros y consecuencias puede tener para los seres humanos.




Técnicamente hablando, un organismo transgénico es un organismo al que mediante ingeniería genética se le han clonado genes de otro organismo. Esto suena muy mal mejor no sigo leyendo. Para que todos lo entendamos, un transgénico es un ser vivo (animal, planta, bacteria) al que le han dado una característica que antes no tenía. Esta característica suele ser propia de otro ser vivo aunque también puede ser una característica elaborada en el laboratorio.

Seguramente os suene un poco el tema de la multinacional americana Monsanto, ¿verdad? Esta empresa de biotecnología se dedica a investigar sobre productos agrícolas que sean capaces de tener una mayor producción que los se cultivan habitualmente, ya que pueden ser resistentes a sequías, enfermedades producidas por los insectos, etc. Sí, Monsanto hace cultivos transgénicos. Ahora es cuando empieza la guerra. 

Uno de los cultivos que más años lleva utilizando esta empresa es el maíz. Este tipo de maíz tiene la capacidad de ser resistente al ataque del taladro del maíz, un insecto que destruye las cosechas del mismo. Esto supone que las cosechas de maíz sean más productivas y que los agricultores puedan obtener mayores beneficios. Eso sí, si compras las semillas a Monsanto te compremetes a comprarlas cada año y a no poder guardarte una parte de la cosecha para replantarla como se ha hecho siempre. ¿Pero qué clase de mafia es esta? Seguramente a más de uno le esté subiendo el azúcar así que es libre de dejar la lectura cuando prefiera.

La empresa reconoce que sus semillas modificadas son más caras que las habituales y además te hacen firmar un contrato para que las compres cada año, hasta que dure el contrato.También es cierto, que desde el principio ellos te dan a elegir entre sus semillas y las de toda la vida, y afirman que los agricultores cogen las suyas porque desean más producción.

Un caso que a lo mejor os suena sobre este tema es el de un agricultor de Estados Unidos que fue denunciado por la empresa por replantar parte de esta cosecha modificada. Ganó la empresa alegando incumplimiento de contrato por parte del agricultor. Este alegaba que sus tierras eran tan pequeñas que si tuviera que comprar las semillas todos los años se arruinaría. La empresa se defiende diciendo que sus investigaciones cuestan millones de dólares y que por eso necesitan establecer el cobro de las patentes posteriores.

Con todas estas polémicas encima de la mesa, todavía quedan más. Los agricultores más ecologistas dicen que estos cultivos alteran la biodiversidad de sus cultivos porque crecen tanto que desplazan las demás cosechas. Que son un negocio porque no se pueden replantar.

Seguramente muchos estéis a favor de esto último, tanto es así que el único país de Europa donde estos cultivos de maíz se llevan a cabo con normalidad es en España. Hasta el día de hoy, se ha comprobado con numerosos estudios que este maíz no supone ningún peligro para la salud humana ni para el campo. ¿Por qué entonces otros países los han prohíbido? Pues cada uno tendrá sus razones. 

Actualmente, Monsanto está desarrollando, también en España, nuevos cultivos transgénicos como el tomate, el pepino, la sandía, entre otros. En el caso de los tomates, por ejemplo, se aumentaría en gran tamaño la producción y, por lo tanto, las exportaciones de este producto al resto del mundo, ya que los tomates son la cosecha que más se exporta. Estos tomates tendrían la capacidad de poder ser cultivados todo el año, en diferentes condiciones de humedad y temperatura, lo que facilitaría su plantación en varias zonas de la Península, además de poder conservarse varios días para permitir su transporte a otros países, todo esto conservando el sabor y las propiedades del tomate natural. 

Pues yo ni loco me como esos tomates, pues ¿y por qué no? Si supieras que la mayoría de los medicamentos que te receta el médico son transgénicos, ¿dejarías de medicarte cuando lo necesites? Es que son cosas distintas. ¿Por qué son distintas? Ah ya, que en una pastilla no puedes ver nada raro y te la tomas igualmente. Oh espera, que en los cultivos modificados tampoco puedes ver nada extraño, bueno sí a lo mejor los ves sin manchas o sin agujeritos porque algún bicho les haya dado un bocado. Vaya que tonto soy, se me olvidaba que los tomates naturales con manchas nadie los compra...

Para quien todavía esté obcecado en la maldad de los transgénicos, le diré que los agricultores pueden salir ganando tanto en producción como en ahorro de fertilizantes, abonos, etc. Que, por cierto, estos también contaminan el suelo y las aguas subterráneas que bebemos y a nadie parece importarle. 

Además, para que un cultivo de estas características vea la luz se necesitan de 6 a 11 años de investigaciones y controles de todo tipo que aseguren que son 100% seguros. Incluso una vez plantados deben estar en áreas controladas para evitar cualquier problema que pudiera existir. Seguro que otras cosas que coméis no son tan seguras ni de lejos. 

Ojo! No digo que todo lo que comemos no haya pasado sus controles... espero porque si no me da que los transgénicos serían lo más seguro que llevarse a la boca.  
Varias madres y esposas de las víctimas de Srebrenica lloran antes del inicio de la ceremonia fúnebre. Potocari (Bosnia-Herzogovina). Julio, 2010. Fotografía de Gervasio Sánchez.

El 11 de julio. Todo el mundo aquí en España recuerda esa fecha por ganar un Mundial de fútbol. En Bosnia, la situación es diferente. Han pasado veinte años y las heridas siguen todavía abiertas. Srebrenica, aquella zona situada cerca de la frontera con Serbia, se ha convertido en un nombre por el que todos, como seres humanos, sentimos vergüenza. Un genocidio de los pies a la cabeza, vamos. Y con ello te das cuenta de que aún no hemos evolucionado.

Ahora, un poquito de conocimiento histórico para saber la raíz del problema. El conflicto balcánico es archiconocido. Y no de finales del siglo XX precisamente. Lugar de expansión demográfica por parte de los eslavos del sur (de ahí el nombre de Yugoslavia), en la Plena Edad Media, siempre supuso un dolor de cabeza para los bizantinos. Los yugoslavos fueron cristianizados, razón por la que hay una mayoría ortodoxa entre sus pueblos. Con la invasión otomana del Imperio Bizantino, los Balcanes estuvieron a su merced. Fueron conquistados y convertidos en vasallos, y muchos de los niños balcánicos de religión cristiana fueron forzados a formar parte de su tropa de élite, los jenízaros. Y he aquí la cuestión. Los otomanos fueron tolerantes con los cristianos como religión de libro, pero aquellos que abrazaron la llamada herejía bogomila (entre ellos la mayoría de los de etnia bosnia), fueron obligados a convertirse al Islam.

La Yugoslavia de Tito, un estado auspiciado por la URSS, mantuvo con mano de hierro todos los conflictos étnico-religiosos durante su mandato. Con su descomposición y ante el vacío de poder, los distintos pueblos fueron marcando sus posiciones. Con un problema a destacar. Las fronteras de los países muchas veces son arbitrarias y difusas. No son reales. La división de Bosnia y Serbia no fue una barrera real. El problema, la gran dispersión étnica y religiosa de sus habitantes. Islas de bosnios musulmanes en zonas de mayoría serbobosnia ortodoxa y viceversa eran la tónica dominante. Contexto, por tanto, abocado al desastre.

La zona este de Bosnia, colindante con Serbia, era de mayoría serbobosnia, pero había concentraciones de población musulmana que el Estado Bosnio iba a mantener con sangre, sudor y lágrimas. Los serbobosnios proclamaron la separación de un estado propio, la República Srpska, bajo la influencia de Serbia. Tal y como ocurre con Donetsk y Lugansk, en Ucrania. De hecho, la región de Srebrenica fue una punta de lanza para el Ejército de Bosnia-Herzegovina (ARBiH) que, bajo el mando del general Naser Oric, saqueó numerosos pueblos serbios realizando matanzas de forma indiscriminada.
Con el avance del conflicto, Serbia comenzó a ganar posiciones, haciendo que los bosnios cedieran terreno y originando una concentración de población bosnia en los alrededores de Srebrenica. Pero todos sabemos lo que ocurre con las superpoblaciones. Hambre, enfermedades, miseria. Muerte.

Los bosnios vieron un atisbo de esperanza. La ONU. Esa entidad que no se manchó las manos en ningún momento. Como el profesor que mira impasible ante la pelea de dos alumnos en el recreo. ¡Pobre gente!, pero ¿para qué meterse, verdad? Se matan unos a otros, pero ¡ya se les pasará! No aprendemos. Como si no hubiera pasado nada semejante nunca.

La ONU, esa llamada garante de la seguridad internacional y adalid de la paz (nótese la ironía), estableció que la zona de Srebrenica era “Área Segura”, y todo ello sin mandar soldados. Así te van a ir bien las cosas, claro. Y así fue. El contingente mandado por la ONU era simbólico comparado con el Ejército de la República de Srprska (VRS), que estaba dirigido por el general Ratko Mladic y al que se sumaron voluntarios paramilitares griegos. Poco a poco fueron sitiando la región y finalmente llegaron a la ciudad.

En esa situación, los serbios no se lo pensaron dos veces. A lo mejor podían estar intimidados por la ONU. A lo mejor. El contingente de cascos azules que se encontraba en la ciudad, de origen holandés, intentó disuadir al ejército serbio, pero, obviamente, no surtió efecto. El 11 de julio de 1995, la ciudad claudicó presa del hambre, la enfermedad y la desesperación.
No tuvieron escrúpulo ninguno. Los cascos azules holandeses se vieron incapaces de actuar frente al ejército serbio. El general Mladic ordenó que se deportaran a todos los bosnios de la ciudad. La población bosnia intentó huir de allí, emprendiendo un éxodo a zona segura para finalmente ser interceptados la mayoría de ellos.

El ejército abrió fuego contra la mayoría de los hombres que huían de la ciudad. Les metieron en camiones simulando la deportación, pero el resultado fue la masacre. Fusilamientos tras hacerles bajar del autobús. Sin discreción. Numerosas fosas comunes rebosan alrededor de la ciudad. Y la cosa no quedó ahí. Aunque buscaban el asesinato de los hombres, varios cientos de mujeres y niños sufrieron el mismo aciago destino. Una matanza indiscriminada. Un genocidio. El asesinato por el asesinato. Sin ningún tipo de pudor. Años de rabia y rencor contenidos en el disparo de esas balas. Algo que no se puede describir. Se tienen estimaciones de entre 8000 y 9000 muertos.

Tumbas de los asesinados en Srebrenica, Fotografía de Victor Jiménez Vega,
El eco que tuvo este acontecimiento en los medios de comunicación supuso la entrada directa de las fuerzas de la ONU en el conflicto, a través del UNPROFOR (Fuerza de Protección de las Naciones Unidas), ante el clamor popular. El conflicto tuvo un rápido fin. La UNPROFOR rápidamente desarticuló el VRS, y con la llegada a la capital de la República, Banja Luka, se produjo la rendición. Parece que tuvo que ocurrir un Srebrenica para que los organismos internacionales se dieran cuenta de los problemas. Como siempre suele ocurrir. La lentitud de la ONU en el asedio de Srebrenica fue escandalosa. ¿Hubiera actuado más rápido si los asediados hubieran sido los serbios y no los bosnios, por el hecho de ser musulmanes? Es una cuestión discutible. Los acuerdos de Dayton establecieron la paz en la zona. En él, todos los estados fueron reconocidos de forma simultánea.

En definitiva, los seres humanos no aprendemos. Nos matamos unos a otros por cuestiones políticas, económicas, religiosas, étnico-culturales,.. Es algo innato a su esencia. El conflicto como forma de vida. Y no aprendemos. La Ley del Talión, como siempre, aparece de nuevo. La inhumanidad del ser humano sale a relucir desde su interior. Esa gran contradicción.


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